viernes, 22 de abril de 2011

Leonardo Surraco

El hijo de Pablo Basilio Surraco Britos habló sobre la experiencia propia, sobre la condición de ser hijos e hijas de desaparecidos y asesinados en el último genocidio. Se refirió a las responsabilidades del Estado e invitó a los presentes, en su mayoría estudiantes de abogacía, a reflexionar acerca de las formas en que el Derecho puede  elaborar respuestas, soluciones a las actuales y diversas consecuencias de la dictadura…

Primero quería agradecerles por estar acá, a las chicas del Grupo Tríptico por el laburo que están haciendo, al Colegio de Abogados, a Margarita. Soy Leonardo Surraco, hijo de Pablo Surraco, uno de los abogados de los cuales están reconstruyendo la historia a través del Grupo Tríptico y el Colegio de Abogados. Pertenezco a una organización, que se llama Colectivo de Hijos, que es bastante novedosa, que nuclea a hijos de desaparecidos y asesinados durante el último genocidio.

Ahora vengo de Santa Cruz, nos convocaron al Colectivo para dar charlas en algunos colegios, y la compañera con la que fui decía en relación a cómo explicarles a los chicos la cuestión de la condición de hijos; y haciendo referencia también a unas actividades que nosotros hacemos con el Colectivo, una parte artística que tenemos, que son unos collages; que armar la historia de sus padres era como armar un collage, como ir uniendo fragmentos. Ella sabe que su papa había estado detenido en La Cacha, pero de la madre todavía no sabe muy bien si estuvo en El Vesubio o en El Banco. Ella justo es de Santa Cruz, los padres eran de Buenos Aires pero se fueron a vivir a Río Gallegos, entonces me tocó visitar junto a ella a los que eran los compañeros de sus viejos. Vi en concreto esto que les decía a los chicos que venían a las charlas, de que iba armando realmente por fragmentos la historia. Uno le contaba que había estado en tal Unidad Básica, otro le contaba que había sido Secretario de Cultura, que la madre esto, lo otro, que en el ´60 y pico esto, que en el ´70 y pico lo otro, después las historias de los sobrevivientes que la vieron en centros clandestinos. Y de a poquito, por allá, por acá, fragmentos, armando una identidad.

Esa experiencia que es propia de la condición de los hijos de desaparecidos, que también se puede ver en otro tipo de condición, acá hay responsables de terrorismo de Estado, pero calculo que cualquiera que no tenga a su madre y/o a su padre irá armando de esa manera la historia. Pero esa experiencia propia de los hijos de desaparecido la pueden ver ustedes reflejadas en los banners de esta muestra. Es increíble porque realmente son fragmentos. Entonces yo veo el de mi viejo y de repente veo una máquina de escribir, una corbata, está Evita, Perón, la bandera de una organización, el ERP 22, está también su tarjeta de abogado. Entonces cómo esos fragmentos van conformando esa identidad. Y el trabajo que están haciendo ellas, que estamos haciendo todos de reconstruir esos fragmentos de identidad, si le damos una vuelta de rosca uno tendría que pensar y reclamar que en definitiva es el Estado el que tendría que estar encargándose de eso. El Estado es el que tiene que estar buscando dónde estuvo cada desaparecido, en qué centro clandestino estuvo, en encontrar ahora a los familiares, así como hacemos nosotros, como hacen ellas, para contarles la historia. Porque el Estado es el responsable de la desaparición y asesinato de tantas personas. En parte es una labor que es grandilocuente y la podemos ver repetida en muchas experiencias a lo largo y ancho del país.

Pero pensemos, y ya que estamos acá en la Facultad de Derecho. Que mi viejo no estudió en Lomas ni en la UBA, estudió en El Salvador, que en aquella época pertenecía a una diócesis de curas progres, cuasi tercermundistas. Pero yo voy a agarrar ese fragmento de identidad de mi viejo y voy a traer ese pedacito que es lo poco que sé de su profesión como abogado. Para pensarlo también desde el presente y por qué cada uno de ustedes se está dedicando al derecho. Yo me dediqué a la Sociología, a pesar de que mi abuela me insistía con que estudiara derecho, pero no le hice caso. Un poco las chicas contaron, una de las cosas que hacía mi viejo era tratar de rescatar presos políticos. Mis tíos estuvieron detenidos en Devoto en el ´73, mi viejo movió, trató de hacer lo imposible para que salieran, después vino Cámpora y los sacó a todos, pero mis tíos siguieron detenidos. Una de las cosas que planteaban los abogados eran los habeas corpus, los familiares no encontraban profesionales para hacer los habeas corpus, era muy difícil, y una de las cosas que hacía mi viejo como abogado era esa también, habeas corpus para los compañeros que siguen desaparecidos. Después viene toda la historia de los habeas corpus, porque primero era difícil conseguir un abogado que lo firme, después lo difícil era que te lo acepten, mi familia lo presentó tres veces, hasta que al final la justicia lo aceptó.

Trato de acotarme todo lo posible, y sigo dentro de la cuestión del genocidio, del terrorismo de Estado, y ahí va otra cuestión que tiene que ver con la figura de la desaparición forzada de personas. Hay un diccionario francés en el que uno busca la palabra “desaparecidos” y está en castellano, y obviamente hace referencia a todo lo que estamos hablando acá. Fíjense cómo el Estado democrático, después de que había pasado el terrorismo de Estado, el genocidio, trata de encontrar palabras, conceptos, nuevas formas de nombrar eso que parecía innombrable, en ese momento ni los propios militantes imaginaban que podía venir esta atrocidad, los centros clandestinos, la desaparición forzada de personas, la aniquilación, el robo de niños, toda una gama de terror que era inimaginable. Pero, sin embargo, ante ese hecho inédito, que es la desaparición forzada de personas, se encuentra un concepto, se encontró la figura, se instituyó, se legisló y hoy es parte dentro del ámbito jurídico.

Digo para no quedarnos en el terrorismo de Estado, en el genocidio en sí, cuántas consecuencias trajeron y que son hoy necesarias pensar. Estamos hablando de hechos inéditos, de una figura nueva que es la desaparición de personas. ¿Cuántas consecuencias trajo eso? ¿El derecho está pensando de esa manera, está tratando de encontrar nuevos conceptos? No sé si alguno de ustedes asistió a los juicios, son abiertos, pueden ir con el documento, van, se sientan, escuchan a los sobrevivientes, y uno lo ve y ve un poco la crítica que hace nuestra organización, parece, no sé, el marco que tiene, y ojo no estoy diciendo que están mal, pero justamente los invito a pensar estas cuestiones, estamos hablando de hechos inéditos y uno ve un tribunal y acusados y testigos que pasan y parece que es un delito común, después ves las calificaciones: privación ilegítima de la libertad, tormentos agravados, con suerte se le puede endilgar a un responsable de un asesinato, un homicidio. Pero ninguna es por genocidio, pero aparte ninguna trata de dar cuenta de la dimensión. Y no veo, y por eso se los trasmito como inquietud, no veo espacios donde se estén pensando estas consecuencias inéditas, porque al final estamos juzgando a los milicos como si fueran ladrones de bicicletas o el pibe chorro de acá a la vuelta, y al final le suman y mató a no sé cuántos, secuestró no sé a cuántos, pero me parece que un desafío de este presente es pensar esas consecuencias que no entran en el derecho.

Nosotros, como colectivo de hijos, tenemos varios proyectos que justamente tienen que ver con esto que les estoy contando, con la cuestión de dar cuenta de la condición de hijos de desaparecidos, asesinados, buscando otras maneras. Hay una ley en la Ciudad de Buenos Aires que obliga a los organismos del Estado de la Ciudad a incluir en el casillero, ustedes lo habrán visto cuando se anotaron en la facultad: Padre, muerto o vivo. ¿Y al desaparecido dónde lo metemos? Y esto la Ciudad de Buenos Aires lo implementó hace años, no muchos organismos del Estado lo han incorporado. Pero esto va más allá del hijo o hija de desaparecido que no encuentra el lugarcito del detenido desaparecido en un formulario. En el registro civil también pasa, se van a casar, y les van a preguntar si el padre está vivo o muerto. Va más allá de la condición de hijo de desaparecido porque lamentablemente uno de los estados de las personas en la República Argentina es ser detenido desaparecido. Puede estar muerto, puede estar vivo, puede estar detenido desaparecido, y eso va más allá del problema que podamos tener nosotros los hijos cuando vamos a llenar un formulario. Es también una cuestión para pensarlo a largo plazo, que los que se vengan a anotar a la facultad dentro de 150 años, vean que uno de los estados de las personas es detenido desaparecido.

Les quiero dejar estas inquietudes que son parte del Colectivo porque calculo que les compete porque están estudiando derecho, y les agradezco haberme escuchado. 

Palabras del Prof. Gabriel Gallego


Al finalizar la charla, el profesor Gabriel Gallego (titular de la cátedra Derecho Constitucional de la UNLZ) dirigió unas palabras a los presentes, en las que recordó a tres abogados desaparecidos de Lomas de Zamora, a quienes tuvo oportunidad de conocer…
 
Yo soy abogado de Avellaneda, militante peronista desde los 15 años, y la semana pasada Claudio (Pandolfi), integrante con mucho orgullo de mi cátedra de Derecho Constitucional, me invitó al acto de los abogados desaparecidos en la Universidad de Avellaneda. Les quiero decir que esto no es un análisis jurídico, sino simplemente una necesidad emocional. Pedí por favor de hablarles. Yo en la época era dirigente sindical de la Asociación Judicial Bonaerense, era funcionario judicial además de militante político, por eso los conocí a Zelaya, Surraco, a Oshiro, de los demás no me acuerdo. De lo que sí me acuerdo de los tres es de la risa.

Me resultó muy difícil en la reunión del otro día en la Universidad de Avellaneda considerarlos muertos. Me resultó muy difícil tener que cumplir años dentro de unos días y ellos haber sido arrancados tan violentamente de esto. Me resultó muy difícil que nada de todo esto tenga una reparación suficiente. Y me parece que como futuros abogados ustedes merecen entregarse a los elementos que los puedan resguardar de que esto no se repita. Y ojo, esto se repite y se repite constantemente. La masividad, la impunidad, la saña, con que hemos sido perseguidos durante varios años continúa con los más humildes, con los más desposeídos, los que van a ser perejiles de delitos ajenos, van a ser aquellos que tienen que llenar las estadísticas o que alguna vez fueron testigos de algo y de pronto no los tenemos más.

Cuando Surraco habló del habeas corpus, herramienta de progreso social, cívico, humano, la forma en que ha sido desvirtuada, ignorada y desmantelada no ha sido solamente producto de los esbirros militares, acá los que resolvían los habeas corpus eran jueces, a los que les daban la orden, deshonrando la profesión de abogado y mucho más la de jueces. Hemos tenido jueces que interrogaban a los detenidos bajo tortura, hemos tenido personajes que colaboraban activamente en los castigos morales, en decirnos que los que iban a ser próximamente secuestrados iban a ser nuestros hijos, o ya lo estaban.

Quiero decirles que todo esto que estamos construyendo del Estado de Derecho es absolutamente necesario y es la única salvaguarda que tenemos aquellos que no poseemos la fuerza como única razón para vivir. Quiero decirles que la posibilidad de poder dirigirme a ustedes y de poder haber escuchado muchos de estos testimonios, me resarce de muchas cosas, me completa, me quita un poco de angustia, pero fundamentalmente el mensaje es que en mi cátedra se enseña que los derechos tienen jerarquías, y cuando hablamos de cuál es el orden jerárquico en la constitución nacional de los derechos todo el mundo habla de la vida, y nosotros consideramos que la vida es un elemento biológico; el elemento principal, el derecho principal es la dignidad, y de lo que podemos estar absolutamente seguros es de que todos estos compañeros que han sufrido los tormentos y la muerte, lo que han salvado profundamente es la dignidad, no solamente como abogados, sino como hombres y amigos.

Muestra “Aparecidos” en Avellaneda

Del 14 al 21 de marzo, la muestra itinerante “Aparecidos, Reconstrucción de la Identidad” estuvo exhibida en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). A la presentación, que tuvo lugar el 17 de marzo, asistieron el rector organizador de la Universidad, Jorge Calzoni; el Director General del Área de Derechos Humanos de la Municipalidad de Avellaneda, Enrique Arrosagaray; el Dr. Pedro Kesselman; el Secretario de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Lomas de Zamora, Claudio Pandolfi; y las integrantes del Grupo de Investigación Tríptico.

martes, 1 de marzo de 2011

Presentación del "Proyecto Aparecidos"


El 10 de noviembre de 2010, el Colegio de Abogados de Lomas de Zamora organizó la Jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Allí, se les entregó a los familiares de Antonio Sosa, Luis Elezvaig, Gastón Courtade, Oscar Oshiro, Baldomero Juan Valera, Pablo Surraco Britos, Domingo Angelucci y José Alfredo Zelaya Mass una medalla en reconocimiento al trabajo y lucha de los ocho abogados.

Además, se realizó la presentación del Proyecto Aparecidos. Este trabajo es llevado adelante por el Grupo de Investigación Tríptico y consiste en dar cuenta de quiénes eran los ocho abogados desaparecidos. Cómo ejercían la profesión, cuál era su militancia, sus ideas, cómo eran como amigos, padres, hijos. Es decir, devolverles de alguna manera la identidad que les fue quitada por el Terrorismo de Estado. Toda la información recopilada, sobre todo a través de entrevistas a personas que los conocieron, será plasmada en un mural y en una publicación.

A modo de adelanto de este trabajo, se presentó ese mismo día una exposición con fotos, imágenes y distintos materiales gráficos relacionados a los abogados. Esta exhibición será itinerante.

Grupo Tríptico
Discurso de presentación del trabajo de investigación a cargo de su coordinadora, Martina Laborde.





Cecilia Litvin, Celeste Pesoa y Martina Laborde, integrantes del Grupo Tríptico


Buenas tardes a todos, en primer lugar queríamos agradecer a la Secretaría de Derechos Humanos del Colegio, por habernos dado la posibilidad de realizar este trabajo.
En segundo lugar queríamos contarles cómo surgió este proyecto.
Hace ya casi dos años, me llegó un mail a través de mi madre, donde el Colegio solicitaba algún interesado en hacer un mural que recuerde a los ocho abogados desaparecidos del departamento judicial de Lomas de Zamora…

Me interesó la idea de hacer un mural, pero no me terminaba de convencer el típico mural con los nombres y las fechas de desaparición. Además siempre me pareció que las listas los asociaba a un número, uno más de tantas muertes, quitándoles así la identidad.

Mi idea de mural pasaba por recuperar la identidad de los ocho abogados robada por el terrorismo de estado. Saber quiénes eran, cómo pensaban, qué música escuchaban, qué leían, dónde militaban, cómo ejercían la profesión, cómo era su familia, cómo fue su infancia. Y así entender el por qué de su desaparición.

Viene a la primera entrevista con Claudio Pandolfi (a quien no conocía) convencida que me iba a decir que no había tiempo, que quería el mural para el 24 de marzo, y que mi proyecto era muy ambicioso. Bueno, no fue así, le encantó el proyecto y me dio vía libre para realizarlo.

En ese momento me di cuenta que no iba a poder llevar adelante este trabajo sola. Así fue como convoqué primero a Celeste Pesoa, diseñadora gráfica, para trabajar juntas en la realización del mural. Y luego a Cecilia Litvin, para que como periodista nos ayudara en la investigación.


A medida que comenzamos a recorrer este camino, conocí a dos personas maravillosas, Celeste se puso el proyecto al hombro desde el primer momento para llevarlo adelante con paciencia y optimismo. Y Cecilia, sin quien esto no hubiese sido posible, comenzó hacer un trabajo de hormiguita, rastreando contactos, llamando, insistiendo, investigando. En las reuniones de trabajo siempre traía novedades. “Che hay un Courtade actor que se llama Gastón, mucha coincidencia, tiene que ser familiar, lo voy a contactar” y lo contactaba. Y sino Celes entraba al facebook y empezaba a buscar familiares por Facebook, sin saber si tenían alguna relación con los abogados, y los encontraba. Y de a poco fuimos encontrando conocidos, personas que habían estudiado con ellos, o que habían militado juntos. Y fuimos armando sus historias.

Y fuimos pensando y repensando juntas que muchas veces la única referencia en imágenes que queda del desaparecido es la foto del documento, en blanco y negro, anacrónica, sin expresión. Creo, creemos, que es a través de los recuerdos, de los momentos compartidos que las personas perduran en la memoria.

De hecho así lo dice un fragmento de una canción de Rubén Blades, que utilizamos de referencia: “¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que lo trae el pensamiento”. De aquí surgió también la idea de que nuestro proyecto se llame, justamente, Proyecto Aparecidos.

Pasó ya un año y medio desde que empezamos este camino, de un paciente trabajo, que aún no termina… y a lo largo de estos meses fue creciendo, hoy sumamos más de treinta entrevistas realizadas, y varias pendientes. Armamos un blog, donde iremos dando cuenta de los avances de nuestro trabajo; desde el Colegio surgió esta propuesta de realizar la entrega de medallas y llevar adelante esta exposición, que será itinerante.

Pero también fuimos resignificando el objetivo del trabajo. En un principio pensamos el proyecto sólo para los abogados como destinatarios. Jóvenes que pasarían por los pasillos de este Colegio o de los tribunales y verían este mural y se preguntarían quiénes eran estas personas, para descubrir la pasión con que ejercieron su profesión en esos años. Para descubrir que ejercían la abogacía justamente de una forma militante con la defensa de presos políticos, de trabajadores, de postergados.

Ahora, además, nos damos cuenta de la importancia que puede tener este trabajo para algunos de las familiares que descubrirán facetas desconocidas de sus desaparecidos, y que el dolor y la impunidad de tantos años les impidió develar.

Quizás en esta exposición vean imágenes de Antonio, José, Oscar, Gastón, Luis, Domingo, Pablo y Baldomero que nunca habían visto antes. Se enterarán de cosas que no sabían, características de su personalidad que no pudieron llegar a conocer.

De alguna manera, sentimos que el trabajo que estamos realizando es como un rompecabezas, que nos permite ir recuperando la identidad de estos ocho compañeros, ya que algunos entrevistados nos hablaron de ellos como abogados, otros desde el punto de vista de la militancia, otros nos contaron cómo eran como amigos, papás, hermanos, primos, o nos relataron recuerdos familiares…

También en este camino descubrimos, en la mayoría de los entrevistados una enorme necesidad de poner en palabras sus recuerdos. Casi siempre, los primeros minutos de las entrevistas fueron difíciles, las conversaciones comenzaban con respuestas cortas, frases como “no sé de qué les va a servir lo que les cuente” o “no sé qué más decir”, pero todas terminaban en largas charlas, varios encuentros, y la aparición de frases como “hace mucho que no hablaba de esos años” o “esto no se lo había contado a nadie por fuera de mi familia”.

Nos quedó en claro la necesidad de hablar, de recordar, de difundir lo que sucedió en esos años, y sus consecuencias que perduran en el presente; como así también qué pocos espacios, o al menos no los suficientes, parecen existir para hablar de estos temas, aún hoy con todo lo que se ha avanzado.

Durante las charlas, tanto nosotras como los entrevistados pasamos de las lágrimas a las risas, recordando situaciones tristes pero también anécdotas imperdibles de los abogados. Descubrimos sus otras facetas, más allá de la abogacía, relacionadas en muchos casos con la escritura, la pintura, la apicultura… Nos sorprendimos con la cantidad de características en común que existían, existen, entre los abogados, más allá del hecho que entre ellos, algunos, se conocían…

Por ejemplo, Surraco y Zelaya eran amigos al igual que Sosa y Courtade. Courtade y Oshiro compartían el estudio jurídico, de donde fueron secuestrados. Muchos de ellos tenían además inclinaciones artísticas. Y por supuesto todos tenían un fuerte compromiso político y social. Y muchos de ellos tenían una activa militancia partidaria.

Lo que llevó a que estuvieran detenidos en más de una oportunidad o que fueran amenazados, algunos sabían que eran perseguidos, como lo demuestra una carta manuscrita que Elenzvaig envió a este Colegio de Abogados. A algunos se les recomendó abandonar el país, pero ellos no quisieron, no lo aceptaron. Consideraban que debían continuar su lucha aquí.

Nosotras aprendimos a respetar los tiempos de cada uno de los entrevistados, las ausencias, las negativas, hasta los enojos. Y agradecemos enormemente las palabras, las ayudas, los acompañamientos, las recomendaciones y el compromiso de todos los que hemos contactado. Les agradecemos por habernos confiado sus recuerdos, sus historias de vida, por relatarnos sus momentos más dolorosos, por brindarnos tanto material gráfico, fotos, dibujos, documentos.

A través de los relatos, tomamos conciencia de lo valiosa que fue esa generación de hombres y mujeres comprometidos, militantes que creían posible un mundo más justo.

Y este trabajo también fue importante para nosotras porque indica una gran toma de conciencia sobre los terribles acontecimientos sucedidos no hace mucho tiempo, y las hermosas vidas que esa época negra se llevó. Nosotras crecimos en tiempos en los que todo se olvidó, se indultó y se cubrió con una gruesa capa de maquillaje.

Lo que hoy exponemos es tan solo una muestra, una parte del material que hemos recopilado a lo largo de estos meses de investigación, y un adelanto de cómo será el mural que inauguraremos el año que viene. Sabemos que aún nos faltan datos. De hecho, ya tenemos nueva información que no está en la muestra.

Aprovechamos también para invitar a quienes están aquí presentes, y conocieron a los abogados, a que nos contacten, nos acerquen imágenes, recuerdos, que nos corrijan si algún dato no es correcto… porque esta reconstrucción continúa y continuará más allá del final del mural, y de la publicación prevista para el año que viene.

Y nos parece necesario insistir en la importancia de realizar este tipo de trabajos, que experiencias similares se reproduzcan en otras áreas, zonas, instituciones.

Y nos gustaría cerrar con dos textos. Uno de Alberto Zelaya, primo de José Alfredo Zelaya Mass, que enterado de este acto, envió este texto desde Colombia donde vive.

De esta manera, los recordamos a la vez como hombres de carne y hueso para recuperar lo que fueron en vida: hijos, hermanos, familiares, amigos, colegas dilectos; pero también como profesionales del Derecho. Estaban comprometidos con su vocación y pusieron muy en alto el nombre de la abogacía al convertirse en la voz de los que no tenían voz, al elevar su clamor frente al momento tan terrible que estaban viviendo, al dar testimonio de las tremendas exigencias éticas de la profesión, muchas veces tan poco comprendidas y valoradas”.

El otro texto fue escrito por Sergio, el hijo de Gastón Courtade, que vive en Noruega. Él dijo de su padre, y creemos que puede hacerse extensivo a los ochos abogados…

“Mi padre dedicó su vida a la búsqueda de la justicia y a la creación de un mundo mejor; aceptó los retos y los riesgos porque el mundo que esperaban luego de la victoria lo valía; continuemos construyendo, todos los días ese mundo soñado por nuestros desaparecidos”.



Dr. Diego Alejandro Molea

Palabras del presidente del Colegio de Abogados de Lomas de Zamora, en el marco de la Jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia.


Dr. Diego A. Molea y Martina Laborde

Buenas tardes, qué difícil es hablar luego de estos testimonios, luego de escuchar tantos recuerdos, de escuchar tantas enseñanzas, escuchar ejemplos de militantes de la vida. Pero a veces hacemos cosas donde uno siente que no tiene entidad como para cerrar un evento con tanta importancia y tanto valor, pero son circunstancias de la vida donde lo ponen a cada uno en un lugar y aquí estamos. Y estamos reconocimiento a ocho compañeros, y lo estamos haciendo en un momento donde hay un renacer, un momento donde hay una reivindicación histórica, momento en donde vuelve a haber una luz de esperanza.

Cuando asumimos hace dos años la gestión en este Colegio, nos encontramos con que nos tocaba entregarles una merecida medalla a todos los colegas que cumplían treinta años en el ejercicio profesional. Pero nos dimos cuenta en ese instante que había ocho compañeros que no la iban a recibir. Es por eso que hoy, de manera simbólica, hacemos esta reivindicación.

Hoy pedimos disculpas en nombre de este colegio y nuestra porque ellos ya tendrían que tener esta medalla hace años. Pero aquí estamos, no como reparadores de nada, sino como militantes de la vida que los reconocemos y reivindicamos esos abogados luchadores y a todos los que militaban y compartieron esos años de lucha.

A nosotros no nos tocó estar en esa época, pero sí hemos tenido la sed de valentía como para reconocer, y recién escuchaba al compañero que hablaba del intendente (Jorge) Ferraresi, y justamente hace muy pocos meses me asombró un dato que compartimos cuando el intendente firmaba un convenio con nosotros para poder desarrollar algún tipo de asesoramiento jurídico para los sectores más humildes, hablaba de que este país hubiera sido otro país con estos 30 mil luchando y conduciéndolo. Ese reconocimiento me asombró y quizás en época militante lo escuchamos de algún dirigente o algún familiar, pero escucharlo de un intendente te motiva porque te encontrás, como nos encontramos muchos que pensamos de esta manera.

Cuando con Claudio, que más allá de la Secretaría de Derechos Humanos que ejerce es uno de los pilares más importantes de la comisión de este Colegio, planteamos qué modelo de Colegio queríamos, lo cierto es que nosotros sentimos que no vinimos aquí para tener nuestra foto colgada en una pared, para que queden nuestros nombres colgados en el recuerdo. Nosotros sentimos que tenemos una obligación y la responsabilidad de estar aquí para poder transformar desde nuestro lugar las cosas que podamos transformar, y para poder hacer memoria, para poder hacer justicia, para poder recomponer un vacío que existe en nuestra sociedad y que existe en cada uno de los ciudadanos y que tenemos que volver a remarcar, tenemos que volver a decir las cosas por su nombre.

Y cuando surgió este proyecto, y realmente la labor que han hecho Martina, Celeste y Cecilia fue fantástica y también por una cuestión de pasiones, y de apasionados que somos todos, cuando veíamos su trabajo, un gran trabajo de investigación, su forma de hacer propia estas historias, las enseñanzas que nos han dejado, cuando vimos las imágenes queríamos opinar como ignorantes que somos y quiero pedir perdón, porque era una cuestión de pasiones, de querer reflejar cosas y a veces hay que entender que el artista hace su trabajo e investigación y nosotros apasionados queremos que haya más y más, pero han hecho un gran trabajo, nos han enseñado. Han entendido que no era más que un choque de pasiones y que aquí lo que queríamos todos era ver reflejado más que esos ocho compañeros, queríamos ver reflejada una conducta que tiene este Colegio de Abogados, queríamos ver reflejada una historia de país, queríamos ver reflejadas tantas cosas, y este era su trabajo que es nuestro trabajo porque es un trabajo de este Colegio de Abogados.

Así que, chicas, las felicito por esta labor que han hecho, que es una gran labor que nos llena de orgullo, que este Colegio de Abogados pueda estar inaugurando esta muestra sabiendo que de aquí en más continuaremos con esta muestra itinerante, con el mural y con la manera que encontremos para que a través de la memoria y del ejemplo sigamos teniendo presentes a estos compañeros en cada uno de los actos que llevemos adelante como Colegio y que cada uno de nosotros lleve adelante en su vida.

Recién escuchaba a un hijo que nos hacía un planteo que nos enseñaba sobre nuestras obligaciones como abogados. Creo que cada uno lo tendrá que recoger, nosotros como Colegio también, porque es cierto que a veces uno tiene ganas y nos encontramos con ideas, planteos de esta naturaleza, la verdad que los tomamos y nos comprometemos a poder seguir aportando no solo desde lo simbólico sino en cuestiones concretas porque lo sentimos, sentimos que es nuestra obligación como gestión.
Entendemos que un colegio de abogados tiene un gran compromiso y una gran obligación para con su sociedad, porque es el proyecto de hacerlo y porque todos los que de alguna u otra manera elegimos ser abogados lo hacemos porque en nuestra esencia, en nuestro ADN hay algo que nos hermana que es esta búsqueda de igualdad, estas ganas de participar, de hacer propia y sufrir cada una de las injusticias que suceden, entonces como así lo sentimos así entendemos que un Colegio de Abogados tiene que trabajar, participar, comprometerse más con su sociedad, con el sistema judicial y decir las cosas que tiene que decir, con los funcionarios judiciales también.

Hace poco escuchaba a los que dicen que hay que dar vuelta la página, que hay que comenzar otra etapa, y me queda un pensamiento de Estela de Carlotto, cuando en un acto que hicimos en la Universidad, nos decía cómo vamos a dar vuelta la página sino está escrita, cómo vamos a poder continuar si todavía no han pagado su culpa con la sociedad, las familias y la nación, los responsables del genocidio. Entonces no va a poder venir nadie a plantearnos que hay que dar vuelta la página, porque aquí vamos a estar nosotros como militantes para enfrentarlos y demostrar que aquí hay 30 mil compañeros que podrían haber construido un país distinto y que ahora no están. Y por esa memoria, y en respeto a ese país que no fue, es que seremos todo nuestro tiempo, toda nuestra vida militantes de esta causa.

Así como las Madres que hoy nos acompañan, nos contaban algunas anécdotas, y lo hacen con alegría, con una alegría que ellas mismas nos demuestran y cuentan que es la única forma que han encontrado para sobrevivir, y realmente así lo sentimos y sentimos la obligación de continuar con esta búsqueda. Lo haremos con alegría y lo haremos con firmeza, pero sepan que desde este colegio y desde cada lugar que nos encuentre seguimos trabajando en la búsqueda de memoria, en la búsqueda de justicia y en la búsqueda de la verdad.

Quería por último decir que a veces nos encontramos con discursos y personas que desde el esfuerzo plantean que hay que construir una sociedad más justa, nosotros queremos construir una sociedad justa. Y también quiero reconocer públicamente que entiendo que en los últimos años se ha mejorado mucho y aquí con las Madres hemos recordado la derogación del punto final y la obediencia debida, la creación del banco de datos genéticos, las leyes que permiten a los organismos de derechos humanos presentarse como parte querellante, la conformación de una Corte Suprema distinta, de la que podemos ver que pueda defender un país justo.

Encontramos muchísimos gestos que nos demuestran que hay un camino, nos encontramos con una juventud que quiere volver a militar, a mi me pasaba que éramos pocos los que militábamos en la década del ´90, éramos muy pocos pero con pasión, con ganas de transformar un país. Hoy vemos que somos muchos más, lo vemos en la plaza, vemos discutir política, querer hablar y decir las cosas por su nombre. También el reconocimiento a este país que está empezando a dar signos de que no olvida y que no perdona, y que nos sentimos con la obligación de invitarlos a participar, invitarlos a militar, invitarlos a juntarnos para transformar este país y convertirlo en un país justo.

Leonardo Surraco

Uno de los hijos de Pablo Surraco Britos agradeció el homenaje, y pidió un mayor compromiso de los abogados para ampliar el alcance de las leyes reparatorias para hijos de desaparecidos.




En principio quiero agradecer a Cecilia, Martina y a Celeste por el laburo que hicieron tanto a nivel gráfico como a nivel de investigación. Sé de cerca todo lo que laburaron. Agradecerle también al Colegio de Abogados, a Claudio. Principalmente porque estos actos tienen que ver con restituir en cierta parte, la identidad de nuestros viejos. No solo en lo que fue su acción militante, sino con su acción de vida, que obviamente son inseparables.

Cuando me hicieron la entrevista, cuando empecé a hablar con las chicas, se abrió todo un universo de mi viejo en tanto padre, amigo, también se abrió el universo militante. Y ese universo se abre 30 años después. Muchos de los familiares, muchos de los hijos, éramos muy pequeños cuando secuestraron a nuestros viejos, no llegamos a compartir, a tener recuerdos de compartir con nuestros padres.

Ayer era el cumpleaños de mi hermana, y pensaba que cuando secuestraron a mi viejo, mi hermana tenía meses, no llegaba a cumplir un año. Entonces no solo nos quitaron militantes que soñaban con un proyecto liberador, sino que también nos quitaron padres, rompieron familias, nos quitaron la posibilidad de tener un cumpleaños.

Y en ese sentido, cuando las chicas me dijeron si quería hablar en nombre de los hijos, pensé que sí, que iba a hablar y más allá de los hijos que hoy estamos acá, o de los hijos que eran hijos de abogados, sino que me voy a tomar la licencia de hablar en nombre de todos los hijos, porque conozco muchas situaciones, llamémosla de vulnerabilidad, de hijos de desaparecidos, de asesinados, de presos políticos, de exiliados, pero principalmente de los desaparecidos y asesinados que no tuvieron la posibilidad de criarse en una familia, de tener un padre, una madre que les banque los estudios, que los acompañe en sus decisiones en tanto hombre, en tanto mujer, que los ayude a desarrollarse, de plantarse en la vida.

Yo pensaba lo que muchos de acá piensan, sostienen y a la vista de los hechos y de los juicios, lo vemos y vivimos todos los días, acá hubo genocidio, y el genocidio lo que principalmente rompió son las redes sociales, rompió la solidaridad, rompió la militancia, pero eso para verlo desde el plano de la esfera política, la esfera pública, pero el genocidio también se metió en la esfera privada y rompió familias, dejó a miles de niños sin sus padres, no solo los que fueron apropiados, que les robaron la identidad o que nacieron en centros clandestinos de detención, sino aquellos niños de aquel entonces, hoy somos adultos, que quedamos a la buena de Dios, o al cuidado del padre o madre que quedaba, o con nuestros abuelos, o con un tío, o incluso el caso, muchos casos, de hijos de desaparecidos o asesinatos que fueron dejados en orfanatos o con otras familias sin que sea una cuestión de robo.

Hijos que quedaron en la calle. Y hoy en día, hay muchos hijos de desaparecidos que pasaron por situaciones psiquiátricas, que estuvieron internados, compañeros que no llegaron a terminar la secundaria, que no tienen trabajo. Compañeros que sin llegar a esos extremos los hemos bancado y bancamos todo tipo de asistencia psicológica e incluso legal.

Saben que hay un montón de juicios penales, que se abrieron en esta etapa del país, y en las que faltan abogados, y a la vez, y eso es de lo que específicamente quería hablar, hay una batería de leyes reparatorias, hay una mal llamada Ley de Hijos, tiene un número que es la 25914, la llaman Ley de Hijos pero no contempla, aprovecho que estoy en un colegio de abogados, en realidad derechos sobre la identidad, sobre la libertad.

Este es un ejemplo, pero hay una batería de leyes principalmente en la provincia de Buenos Aires, y cuando nosotros vamos a trabajar esas leyes, nos dicen que hace faltan abogados. Entonces, les tiro este panorama para que vean que si bien hoy estoy yo hablando acá y tuve la posibilidad de terminar los estudios, de desarrollarme, hay muchos compañeros que no y que incluso tienen que terminar pagando abogados, ni hablar de lo que fue lo de la 24411, la ley por la que muchos hijos fueron estafados, hoy día siguen siendo estafados por muchos estudios de abogados que se aprovechan del desconocimiento que tienen esos compañeros respecto de las leyes reparatorias.

Principalmente yo les quería hacer un llamado y una invitación a que en tanto abogados se metan a leer lo que es esto de las leyes reparatorias, traten de indagar, de buscar, de ver de qué manera pueden ayudar a todos los hijos de desaparecidos que no tienen la posibilidad de tener un trabajo, de haber terminado sus estudios, y que no entran en las leyes.

El otro día estaba siguiendo uno de los juicios, el del circuito Atlético – Banco – Olimpo, que tampoco sé cuántos abogados habrá que van y presencian esos juicios, van y se ofrecen como querellantes o para brindar asistencia a los familiares que necesitan de esos abogados; pero, bueno, ahí estaba escuchando un caso de una familia que cae el grupo de tareas a la casa, había tres o cuatro hermanos, secuestran a los padres, y los hermanos se quedaron como pudieron, el mayor tuvo que salir a trabajar con 15, 16 años, el menor también iba y venía. La verdad que una historia increíble, de cómo esos hermanos pudieron sostenerse sin sus padres, con una abuela muy vieja que poco los podía ayudar, pero lo que quería destacar era que de estos hermanos, en el momento del secuestro uno había ido a comprar, entonces hoy en día los tres hermanos que sí estaban presenciando el momento del secuestro de sus padres se presentan a la ley 25914, que como contempla la violación de estos dos derechos que son el de la libertad o el de identidad entraron. Pero el otro hermano, al no estar presente en el momento del secuestro no entró.

Entonces, ahí no solo yo sino otros compañeros nos preguntamos ¿no pasó lo mismo, no tuvo que afrontar la vida sin sus padres, con las mismas dificultades que sus otros hermanos? Una ley que contemple a los hijos de desaparecidos como una de las últimas generaciones, no sé si la última, que sufrió directamente el terrorismo de Estado, que sufrió directamente el genocidio, no existe.

Por eso, yo los quiero invitar a que traten de pensar estas cuestiones de las leyes reparatorias, y qué pasa con ese universo de hijos que hoy ni siquiera desde el Estado se piensan políticas destinadas a ellos. Hoy en día muchos hijos de desaparecidos, es mi caso, que trabajamos en algún sector del Estado, de la Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, Nación, pero porque nos vieron o nos conocen entramos a trabajar en el Estado por un contacto, bueno, nosotros necesitamos que se haga una ley.

Hay experiencias en la Provincia de Buenos Aires de leyes que tratan de incluir a los hijos de desaparecidos, hay unos proyectos de (Jorge) Ferraresi, (intendente) de Avellaneda, que también va a legislar en ese sentido e incluir a los hijos de desaparecidos de Avellaneda en el Estado como planta permanente.
Pensemos. Disculpen que lo diga acá, pero es algo que me inquieta bastante, al igual que a otros compañeros que no tienen este tipo de acceso. Y si pensamos a nivel general, la población afectada directamente, lo que son los ex detenidos e incluso los desaparecidos mismos, familiares como los padres o las madres de los desaparecidos, los exiliados, todos están contemplados en algún tipo de ley, pero los hijos de los desaparecidos no.

Así que vuelvo a insistir en el agradecimiento al Colegio y también invitarlos a que se pongan a pensar en este tipo de políticas reparatorias que son más desde la responsabilidad del Estado, porque nosotros a nivel organización fuera del Estado, como el Colegio, u organizaciones de derechos humanos hacemos más que lo imposible por el tema de políticas reparatorias o actos reparatorios que tienen que ver con la identidad, con lo simbólico, pero hay algo material también y es responsabilidad del Estado, y ojalá que alguno de ustedes después de estas palabras se metan en la legislación o surjan proyectos o ganas de trabajar en conjunto en pos de una ley integral, que se aboque justamente a esta última generación tocada directamente.

Leonardo Surraco junto al material recopilado sobre su padre

Dr. Pedro Kesselman

El abogado, co-fundador del CALZ, recordó emotivamente a sus compañeros, y reivindicó el profundo compromiso social de sus colegas desaparecidos.


Este reencuentro con los colegas es altamente emocionante. Para muchos de ustedes esto es encontrarse con los colegas, para muchos de nosotros que veo aquí es el reencuentro.

Uso la palabra colega porque la definición de colega es compañero de profesión, y estos queridos compañeros de profesión mostraron hasta el final su coherencia, la coherencia de sus convicciones. Estos compañeros, estos colegas, lucharon siempre con los pobres, los perseguidos, con los despojados de derechos. Todos y cada uno de ellos fueron militantes y militantes de la vida, más allá de su pertenencia a determinados espacios, la coherencia de sus convicciones es lo que debemos resaltar y nosotros apelamos entonces a la memoria, no solamente a los recuerdos.

Me vienen justamente tantas cosas con respecto a muchos de los abogados. Me acuerdo de Chiche Valera, me acuerdo de aquel día que llegamos juntos a su casa, que estaba abierta y abandonada por la irrupción de los llamados grupos de tarea, y su preocupación sobre todo para proteger esa casa porque era el producto de sus afectos, de su mujer, de sus hijos, de todo lo que implicaba su vida.

Lo recuerdo a Luisito Elenzvaig, con que militamos juntos en la Fede, en la Facultad de Derecho hace muchos años, y nos reencontramos luego en Avellaneda. Recuerdo el día que llegó al Centro de Abogados de Avellaneda a pedir si podíamos hacer algo por él, en el momento más duro del terrorismo de Estado.

Recuerdo a Gastón, Gastón Courtade, vital, luchador, siempre hasta su pose física, pecho salido, dispuesto a la lucha siempre por causas justas, por causas nobles. Oshiro que lo acompañaba no solamente en su estudio, sino que lo acompañó también en ese destino que les aplicaron justamente por ser ambos, lo que decíamos antes, coherentes con sus convicciones, y firmes en la defensa de aquellos que eran perseguidos y víctimas de todo tipo de injusticias.

Doy estos nombres como ejemplos, pero cuando digo lo de la militancia con la vida, ustedes habrán visto que casi todos ellos, todo ellos, salieron del ejercicio profesional de una decorosa comercialidad de la profesión para hacer además de una militancia, además de su participación en las luchas populares, además ellos volcaron sus inquietudes, volcaron su vuelo en la poesía; Chiche Valera con los cuentos del Tío Aurelio, la pintura.

El Negro Sosa, lo recuerdo al Negro Sosa que venía de un origen humilde y se superó, luchó, fue cada vez más importante en su crecimiento vital. El Negro con esa sonrisa socarrona, los ojitos chiquitos. Sus asesinos no le mataron sus ideales, eran unas bestias frente a quienes eran creadores, creadores de vida, creadores y fundadores de principios éticos, que nosotros hoy venimos acá a rescatar y a revalorar. Y no podrán sacarnos jamás esta presencia que llevamos adentro y que nos compromete a seguir con ellos en nuestros corazones, en nuestras vidas, en nuestro accionar.

Ningún político caudillesco devaluado, ni ningún escriba lenguaraz de andar zigzagueante podrá decir que esto hay que terminar, que hay que mirar para adelante, no, los que van a terminar son ellos, los compañeros que hoy aquí valoramos, rescatamos, reencontramos, están vivos en nosotros, están vivos en sus hijos, en sus familias, y en todos aquellos colegas y compañeros, no solamente de su generación, sino de las nuevas generaciones.

Yo soy miembro de este colegio, que muchos de ellos ayudaron a fundar en la década del ´70, a partir del Movimiento Social de Abogados, que creamos en el estudio de Monti, ahí estaba Zelaya Mass con nosotros. Esa generación fue núcleo de las nuevas generaciones, los jóvenes abogados de hoy retoman esos principios, retoman esa memoria, la contemplan, retoman esas convicciones y la llevan adelante. Que el narcisismo de las pequeñas violencias no nos permita olvidar a los compañeros.

A ellos los unieron por sobre todas las cosas, la convicción, la coherencia y la defensa de ideales justos, de utopías que nosotros siempre creemos que van a ser realidad, más temprano que tarde, y queremos y creemos que las jóvenes generaciones de abogados seguirán esa tarea y con el nombre de estos compañeros habrán de bregar por una sociedad más justa que ellos soñaron y por la cual lucharon.